La expansión de cepas resistentes de Shigella está generando preocupación entre especialistas en salud pública de Estados Unidos y Reino Unido, especialmente por la dificultad creciente para tratar algunas infecciones con antibióticos disponibles por vía oral.
La bacteria puede propagarse cuando pequeñas cantidades de materia fecal llegan a la boca. Esto puede ocurrir a través de alimentos o agua contaminados, las manos o determinadas prácticas de contacto sexual.
Un análisis realizado en Estados Unidos sobre cerca de 17.000 muestras recogidas entre 2011 y 2023 detectó un aumento de las cepas resistentes a cinco antibióticos administrados por vía oral. Mientras que entre 2011 y 2015 no representaban casos detectables en el estudio, en 2023 alcanzaron el 8,5 %.
Entre los pacientes afectados por estas cepas resistentes, el 86,2 % eran hombres y más de un tercio necesitó hospitalización, según los datos citados en el informe.
La situación también ha llamado la atención en Reino Unido, donde una parte importante de las infecciones se relaciona con transmisión sexual mediante exposición fecal-oral. Estas variantes han mostrado un crecimiento superior al observado en infecciones vinculadas a viajes o al consumo de alimentos contaminados.
Uno de los factores que dificulta el control de la enfermedad es su elevada capacidad de transmisión. Los especialistas señalan que una cantidad muy pequeña de bacterias puede ser suficiente para provocar una infección.
La preocupación aumenta debido a que algunas de estas cepas presentan resistencia a varios medicamentos y no existe actualmente un antibiótico oral aprobado específicamente para tratarlas.
Los investigadores consideran que el fenómeno ya constituye un problema de salud pública en determinadas zonas del Reino Unido y representa una amenaza emergente en Estados Unidos. Por ello, plantean reforzar la vigilancia epidemiológica y las medidas de prevención, especialmente en los grupos y redes donde se detecte circulación de estas cepas.
La principal vía de prevención pasa por reducir la exposición fecal-oral mediante una adecuada higiene de las manos, seguridad alimentaria y prácticas sexuales que disminuyan ese tipo de contacto.
La evolución de estas cepas resistentes mantiene en alerta a los especialistas, que advierten de la necesidad de controlar su expansión antes de que las opciones de tratamiento sean todavía más limitadas.
Fuente: RT






