En aquella ocasión, mientras numerosos taxis que funcionaban con gasolina dejaban de circular por las dificultades para repostar, los coches de la modalidad 100-100, que habitualmente realizan trayectos interurbanos, comenzaron a cubrir desplazamientos urbanos y a prestar servicios de taxi a los ciudadanos. Gracias a que algunos de estos vehículos funcionaban con diésel, pudieron continuar circulando y atender parte de la demanda de transporte que quedaba desatendida.
Lo llamativo de aquella situación fue que algunos de estos conductores llegaron a cobrar la tarifa habitual de 500 francos CFA por trayecto, ofreciendo una alternativa a los usuarios que necesitaban desplazarse en medio de las dificultades de movilidad. De esta manera, vehículos que tenían sus rutas principales fuera de las ciudades terminaron asumiendo, temporalmente, una función importante en el transporte urbano.
Ahora, con la llegada de una nueva etapa de la crisis de combustible, vuelve a surgir la incógnita sobre si se repetirá aquel escenario. ¿Dejarán nuevamente algunos coches de 100-100 sus rutas interurbanas para trasladar a los ciudadanos dentro de las ciudades? ¿Volverán a convertirse en una alternativa para quienes no encuentren taxis disponibles?
La situación actual presenta, además, una diferencia importante respecto a la crisis anterior. Aquella se produjo durante el periodo de verano, cuando los estudiantes estaban de vacaciones. Esta vez, la escasez de combustible coincide con el desarrollo del curso escolar, lo que podría complicar los desplazamientos de los alumnos que dependen de los taxis para llegar a sus centros educativos.
Si las dificultades de abastecimiento se prolongan y disminuye la oferta de transporte, algunos estudiantes podrían tener problemas para asistir regularmente a clase. Por eso, las consecuencias de esta nueva crisis podrían extenderse más allá de las estaciones de servicio y afectar directamente a la actividad escolar, laboral y comercial.
En este contexto, los coches diésel de la modalidad 100-100 vuelven a situarse en el centro del debate. Su experiencia durante la anterior crisis demuestra que pueden convertirse en una alternativa cuando escasean los taxis convencionales, aunque su disponibilidad dependerá también del suministro de gasóleo y de las decisiones de sus conductores.
La pregunta queda abierta: ¿volverán los coches de 100-100 a abandonar temporalmente sus rutas principales para convertirse en los reyes del transporte urbano durante esta nueva crisis de combustible en Guinea Ecuatorial?






