La costura no solo sirve para confeccionar prendas de vestir; también puede convertirse en una herramienta de independencia económica y una oportunidad de emprendimiento. Así lo ponen de manifiesto los profesionales consultados en distintos mercados de Bata, donde este oficio continúa respondiendo a las necesidades cotidianas de la población.
Durante la elaboración de este reportaje, el recorrido por estos espacios permitió constatar la presencia de numerosos costureros extranjeros al frente de talleres de confección. Aunque no existen datos estadísticos que permitan cuantificar la participación de ecuatoguineanos y expatriados en el sector, la observación realizada evidencia la importancia de esta actividad para quienes la ejercen y plantea la necesidad de despertar un mayor interés por ella entre los ciudadanos nacionales.
Para los profesionales entrevistados, la costura es mucho más que una ocupación. Es el medio con el que cubren sus responsabilidades familiares, pagan el alquiler de sus viviendas, garantizan la escolaridad de sus hijos y afrontan los gastos diarios. Sus testimonios muestran cómo una habilidad adquirida y desarrollada con dedicación puede transformarse en una fuente de ingresos estable.
En Bata, las máquinas de coser trabajan para atender una demanda que abarca desde uniformes escolares hasta vestidos de boda, trajes para ceremonias y prendas de uso cotidiano. Cada encargo representa una oportunidad de negocio y demuestra que este oficio mantiene su utilidad en una sociedad donde la vestimenta forma parte de las necesidades básicas y de las expresiones culturales.
Los costureros consultados aprovecharon la conmemoración del 14 de octubre para animar a los ecuatoguineanos y a otras personas interesadas a aprender y ejercer esta profesión. Consideran que la costura ofrece posibilidades de autoempleo y permite desarrollar pequeños negocios sin depender exclusivamente de un puesto de trabajo por cuenta ajena.
La actividad requiere aprendizaje, precisión, creatividad y perseverancia, pero también puede abrir el camino hacia la creación de talleres propios y la generación de empleo. Por ello, una mayor apuesta por la formación profesional en confección podría ayudar a que más jóvenes descubran esta alternativa y desarrollen capacidades útiles para su futuro laboral.
Un oficio que puede sostener familias
La realidad observada en los mercados de Bata deja una reflexión que va más allá de la celebración: mientras algunos profesionales extranjeros encuentran en la costura el sustento de sus hogares, existe una oportunidad para que más ecuatoguineanos se formen, emprendan y participen en este sector.
El mensaje de los entrevistados es directo: recomiendan involucrarse en una actividad que consideran capaz de ofrecer oportunidades mientras exista demanda de ropa y de servicios de confección. Una invitación que sitúa el valor de este oficio no solamente en las prendas que produce, sino también en las familias que ayuda a mantener.
Este 14 de octubre, el Día Mundial de la Costura constituye, por tanto, una ocasión para reconocer a quienes viven de la aguja y el hilo, pero también para reivindicar el valor de los oficios como vías de formación, empleo y autonomía económica. El reto para Guinea Ecuatorial es conseguir que más ciudadanos nacionales vean en la costura una profesión digna y una oportunidad real de construir su propio futuro.






