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miércoles, agosto 26, 2026
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“A Mano”: La corrupción silenciosa que todos practican en Guinea Ecuatorial

El doble sentido de “a mano” A nivel global, “a mano” puede significar muchas cosas según el contexto: desde pagar por adelantado en un negocio hasta dar prioridad a un trámite.

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En esencia, es pagar para que algo ocurra antes o mejor de lo que tocaría por derecho.
Pero en Guinea Ecuatorial el término ha adquirido un peso específico que incomoda.

Por un lado, es sinónimo de corrupción institucional: pagar a un funcionario para que agilice tu expediente, porque si no, tu dossier “duerme” eternamente en una pila. Por otro, se ha vulgarizado y se asocia directamente con prostitución: el pago acordado antes de mantener relaciones íntimas.

Lo que casi nadie admite es que existe un “a mano” institucionalizado, normalizado y defendido por familias enteras desde hace siglos. Su nombre oficial: el matrimonio.

Cuando el funcionario dice “tengo muchos dossiers”
El deber de la administración es servir al ciudadano. Sin embargo, en muchas oficinas públicas de Guinea Ecuatorial el mensaje es claro aunque no se diga: sin “a mano”, tu trámite no camina. El funcionario alega carga de trabajo, pero todos saben que un sobre acelera lo que la ley ya debería garantizar.

Aquí “a mano” es corrupción pura. Se ha vuelto tan cotidiano que el ciudadano lo integra como un impuesto más, y el que no paga queda fuera del sistema. Es una práctica que castiga al honrado y premia al que tiene liquidez.

El “a mano” que no se quiere llamar así: la dote
El cantante Romy Solove lo lanzó con sarcasmo: “Aluck Fang Da Aman Oden” — ¿Cuándo termina el matrimonio fang? La pregunta duele porque señala lo que muchos callan: en Guinea Ecuatorial el matrimonio no termina, porque el “a mano” es permanente.
En la tradición fang existe el dicho “E Nguan Djam Va adji va Añu”: ante mi hija, solo como y bebo.

Traducido a la práctica actual, significa que la hija se convierte en un activo del que la familia espera rentabilidad. Y esta lógica ya no es exclusiva de los fang. Bubis, bisios, ndowés, annoboneses la están adoptando.

El ritual es conocido: la familia invita al yerno a comer para “conocerse”. Lo que no te dicen es que después del banquete debes extender un sobre a la suegra. Si no lo haces, restas puntos. Si lo haces, la relación con tu novia fluye mejor.

Esa es la puerta de entrada a un “a mano” de por vida. Cumpleaños, funerales, problemas familiares, Navidad, Año Nuevo… siempre habrá una razón para que el yerno “apoye”. Y se entiende que si no apoya, no es buen marido.

“Donde les dan, ahí van”: la economía afectiva
Bajo el amparo del principio popular “donde les dan, ahí van”, muchas familias han construido una estructura donde la hija es colocada en el mercado del mejor postor. La edad ya no importa, la compatibilidad tampoco.

Hoy es más probable que unos suegros acepten que su hija se case con alguien 20 años mayor, siempre que “disponga”. El dinero se convirtió en el único idioma que todos los hogares entienden. La frase suena dura, pero refleja lo que se vive: se acoge más a la demanda que a lo que la hija ofrece como persona.

Por eso afirmo que en Guinea Ecuatorial el “a mano” lo practican todos: casadas, solteras, jovencitas, y sobre todo las familias que lo gestionan. La diferencia con la prostitución es solo de plazo. Uno es pago por un rato, el otro es pago por contrato indefinido.

¿Por qué duele hablar de esto?
Porque desnuda tres hipocresías:

  1. La moral selectiva: Criticamos al funcionario corrupto pero aplaudimos a la suegra que exige. Ambos usan su posición de poder para extraer renta.
  2. La cosificación disfrazada de cultura: Llamamos “tradición” a lo que en el fondo es una transacción económica donde la mujer pierde voz.
  3. El daño a los jóvenes: Muchos chicos emigran o se endeudan para “cumplir” con la familia de la novia. Muchas chicas aprenden que su valor está en lo que pueden conseguir, no en lo que son.

¿Hay salida?
Sí, pero pasa por llamar a las cosas por su nombre. “A mano” en la administración es corrupción y debe perseguirse. “A mano” en el matrimonio es una dote desvirtuada que esclaviza a parejas jóvenes y convierte el amor en contabilidad.

La cultura fang, bubi, ndowé y todas las demás son ricas y no necesitan sostenerse en la extorsión familiar. Casarse debe volver a ser la unión de dos personas, no la firma de un crédito sin fecha de vencimiento.

Mientras sigamos escondiéndonos detrás de “es nuestra cultura”, el Aluck Fang Da Aman Oden de Romy Solove seguirá sin respuesta. Porque un matrimonio que empieza con “a mano”, nunca termina de pagarse.

Conclusión
Guinea Ecuatorial no tiene un problema de prostitución. Tiene un problema de “a mano” normalizado en todas las capas: desde el ministerio hasta la mesa del comedor familiar. Y hasta que no lo admitamos, seguiremos pagando por adelantado para consumir derechos que ya son nuestros: el derecho a un trámite justo y el derecho a amar sin factura.

Por: Fernando Nguema Esno

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