En el mundo empresarial existen compañías que comenzaron como pequeños negocios y, con el paso del tiempo, se convirtieron en grandes empresas. Apple, Ford, Toyota o McDonald’s son algunos ejemplos internacionales. En Guinea Ecuatorial también existen empresas que han logrado crecer desde sus inicios, como Martínez Hermanos, EGTC, Casav Express o Cachu y Hermanos.
Pero frente a estas historias de crecimiento existen otras que terminan de manera diferente: negocios que abren sus puertas con expectativas, realizan inversiones, ofrecen sus productos o servicios y, después de unos meses, se ven obligados a cerrar.
Este artículo no pretende presentarse como un estudio económico ni como un análisis especializado. Es una mirada basada en la realidad cotidiana de diferentes mercados del país y en conversaciones mantenidas con comerciantes de Evinayong, Bata, Akonibe y Djibloho, concretamente en la ciudad de Oyala.
De estos testimonios emerge una preocupación común: la falta de consumidores y una demanda insuficiente para sostener determinados negocios.
Emprender sin clientes: el desafío silencioso
En Guinea Ecuatorial se habla con frecuencia de la necesidad de fomentar el emprendimiento entre los jóvenes. Se les anima a crear empresas, identificar oportunidades y convertir sus ideas en proyectos productivos.
Sin embargo, existe una cuestión que no siempre ocupa el mismo espacio en ese debate: ¿quién consumirá los productos o servicios que ofrecen esos nuevos negocios?
Una buena idea empresarial puede fracasar si el mercado al que está dirigida no cuenta con suficientes consumidores o si estos no disponen del poder adquisitivo necesario para adquirir regularmente los productos y servicios ofrecidos.
El caso de Santos Mbo, repostero de Evinayong, refleja parte de esta realidad. Tras abrir una pastelería, la insuficiente demanda le llevó a cerrar el establecimiento en un periodo relativamente corto.
En Akonibe aparece otro ejemplo todavía más visible. Allí existe un mercado que, según los testimonios recogidos durante esta investigación, apenas ha registrado actividad desde su construcción. El espacio permanece prácticamente vacío, convirtiéndose en una imagen de las dificultades que puede encontrar una infraestructura comercial cuando no existe una demanda suficiente que la active.
Cuando ni siquiera ser el único garantiza sobrevivir
En Oyala, el ciudadano Francisco Javier Esí Nzang puso en marcha junto a un compañero un servicio de lavado de vehículos a presión en una estación de Gepetrol.
El negocio tenía, aparentemente, un elemento a su favor: se encontraba en un punto de tránsito y ofrecía un servicio que podía resultar necesario para los conductores. El alquiler del espacio ascendía a 30.000 francos CFA mensuales.
Sin embargo, después de seis meses tuvieron que abandonar la actividad.
«“En una semana podían llegar dos o tres coches. No generaba ningún ingreso y el alquiler lo pagábamos con nuestro dinero de bolsillo”, explica Francisco Javier Esí Nzang.»
Según su testimonio, la situación les obligó a cerrar pese a ser el único servicio de lavado de vehículos de la zona. A ello se sumaba una práctica habitual entre algunos conductores: lavar sus vehículos directamente en los ríos.
El caso muestra que ser el único negocio de un determinado sector no garantiza necesariamente su supervivencia. La existencia de un servicio no significa automáticamente que exista una demanda suficiente para mantenerlo.
No todo depende del número de habitantes
La dimensión del mercado es importante, pero no es el único factor.
También influyen el poder adquisitivo de la población, la concentración de consumidores, los hábitos de consumo, la ubicación del establecimiento, los costes operativos y la frecuencia con la que los clientes necesitan un determinado producto o servicio.
Un restaurante puede tener una buena oferta gastronómica; una mesa de hortalizas puede ofrecer productos frescos; una peluquería puede prestar un servicio de calidad y un lavado de vehículos puede contar con buenos equipos.
Pero si cada día pasan pocos clientes por sus establecimientos, los ingresos pueden resultar insuficientes para cubrir alquileres, electricidad, transporte, salarios, adquisición de mercancías y mantenimiento.
En el caso de productos perecederos, como las hortalizas, la falta de compradores añade otro problema: la mercancía puede deteriorarse antes de ser vendida, transformando la falta de demanda en pérdidas directas para el comerciante.
El espejismo del emprendimiento durante la pandemia
La pandemia de COVID-19 ofreció otro ejemplo de cómo las circunstancias pueden crear temporalmente una demanda que posteriormente desaparece.
Durante el confinamiento de 2020, numerosos jóvenes de Malabo encontraron una oportunidad en los servicios de entrega a domicilio. Algunos crearon pequeños negocios de reparto mediante motocicletas y otros desarrollaron iniciativas vinculadas a las compras en línea.
En aquel momento, permanecer en casa convirtió el reparto a domicilio en una necesidad para muchas personas.
Pero el escenario cambió cuando terminaron las restricciones. La demanda de estos servicios disminuyó, mientras que los costes de mantenimiento, combustible y funcionamiento continuaron representando gastos para los emprendedores.
Seis años después, muchas de aquellas iniciativas ya no están activas.
El ejemplo demuestra que una oportunidad de negocio puede estar vinculada a unas circunstancias excepcionales y no necesariamente representar una demanda permanente.
La otra cara del discurso sobre el emprendimiento
El emprendimiento sigue siendo una de las alternativas planteadas para generar empleo, dinamizar la economía y ampliar las oportunidades para los jóvenes. Pero fomentar la creación de empresas requiere también prestar atención a las condiciones que permiten que esas empresas sobrevivan.
No basta con enseñar a una persona a crear un negocio. También es necesario ayudarla a comprender el mercado: cuántos consumidores existen, cuánto pueden gastar, qué productos necesitan, dónde se concentran, qué competencia existe y cuáles serán los costes necesarios para mantener la actividad.
Porque emprender no consiste únicamente en abrir una puerta.
También significa conseguir que detrás de esa puerta exista un mercado dispuesto y capaz de entrar.
Los testimonios recogidos en Evinayong, Bata, Akonibe y Oyala muestran que algunos emprendedores no abandonan sus proyectos por falta de voluntad o de perseverancia, sino porque los ingresos generados por sus negocios no llegan a cubrir sus gastos.
La cuestión, por tanto, merece formar parte del debate sobre el emprendimiento en Guinea Ecuatorial: ¿cómo crear empresas sostenibles en mercados donde la demanda puede ser insuficiente?
La respuesta no depende exclusivamente de los emprendedores. También requiere comprender mejor el comportamiento de los consumidores, fortalecer el poder adquisitivo, generar actividad económica y crear condiciones que permitan ampliar los mercados.
Porque una economía necesita emprendedores, pero los emprendedores también necesitan consumidores.
Y cuando el mercado permanece vacío, incluso una buena idea puede terminar cerrando sus puertas.
Autor: Fortunato






